Putas asesinas de Roberto Bolaño
El asunto es: me gusta Roberto Bolaño, pero no me gusta Roberto Bolaño. Lo primero que leí de Bolaño fue su aclamada novela -hasta por los que no la han leído- «Los detectives salvajes». Mis primeros amores infantiles fueron los «rebeldes sin causa», personajes como Terry Granchester de Candy Candy -sí, así de vieja estoy, […]
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- Mamá gato

El asunto es: me gusta Roberto Bolaño, pero no me gusta Roberto Bolaño.
Lo primero que leí de Bolaño fue su aclamada novela -hasta por los que no la han leído- «Los detectives salvajes». Mis primeros amores infantiles fueron los «rebeldes sin causa», personajes como Terry Granchester de Candy Candy -sí, así de vieja estoy, aunque debo decir que yo ví Candy Candy en su transmisión de 1990, no de 1980-, me ponían a suspirar, nunca le tuve simpatía al maricón de Anthony o a los aburridos de Archie y Steve. A mi me gustaban Albert por vagabundo y Terry porque fumaba y se peleaba y era rebelde pero bueno. Ambos tenían el cabello largo, símbolo universal -creo- de la rebeldía en los adolescentes-jovenes y aún más en los adultos, son pocos los adultos que conozco que aun conservan una cabellera larga, aunque canosa. Años después en mi adolescencia, mi cercanía a mis tías maternas, que cuando yo era una adolescente ellas debían tener máximo unos 20 años, hizo que me uniera a su histeria colectiva de adorar al entonces joven y delgado Axl Rose, otro rebelde.
Y así, siempre me han llamado más la atención los «rebeldes», aunque sea de «amentiritas» porque nunca he andado con un chico malo, puros chicos buenos 🙂
¿Qué tiene que ver todo esto con Bolaño? Pues que yo me construí un Bolaño en la cabeza cuando leí sus Detectives Salvajes, un Bolaño más parecido a su personaje principal, Arturo Belano. Me gustaron las pesquisas literarias de esos detectives, sus viajes -físicos y pachecos-, la narrativa, la forma descarnada -¿acaso hay otra?- de conocer la verdadera violencia, etc. Después leí por ahí, que en efecto, el personaje de Arturo Belano estaba más que basado en el propio Bolaño. Ya me imaginaba yo, su desgarbada figura, su cabello largo y algo enmarañado, sus ojos misteriosos y ¡nada!. Que como Jack, se hizo un Tyler a la medida, porque el señor Bolaño, el verdadero señor Bolaño, no se parece a mi Arturo Belano -tal vez muuuuuuuuuuuuuy muuuuuuuuuuuuy de joven-.
Entonces pensé: Bueno ¿que querías? el escritor no esta para complacerte fantasías adolescentes, esta para contar historias. Tomando ello en cuenta, cuando mi amigo Luis Javier propuso intercambiar en préstamo un libro de Boris Vian por Putas asesinas de Bolaño, acepté.
Y entonces entendí, que no me gusta Bolaño. Puedo vislumbrar la razón de su boom, entender porque lo han elevado al nivel de Borges o Cortázar, pero eso no hace que me guste.
Putas asesinas es una compilación de cuentos, está conformado por trece cuentos, el séptimo de los cuales aporta el título del libro. Siempre que leo cuentos, me acuerdo de una cita que decia mi maestro de discurso en la universidad, Norberto de la Tore; «La novela gana por aguante, el cuento debe ganar por knock out», me parece que es una cita de Villoro. El punto es que…creo que Bolaño es muy buen novelista.
Tiene en mi humilde opinión una maestría impresionante en crear poderosas voces narrativas, que logran introducirte en el cuento, pero llegado el momento: no pasa nada. No me pareció que ninguna de sus historias realmente cerraran, bueno, que estoy segura que si llevara uno de sus cuentos a algún taller literario me dirían eso: reescribe el final, porque no cierra.
Cada que iniciaba un nuevo cuento, tenía esa sensación de que «este era el cuento», lo que contaba era maravilloso, fuera de lo común incluso dentro de lo común -lo que es difícil de lograr-, nada dentro de ese universo ficticio dejaba entrever alguna falla en los pilares narrativos, nada podría volver a los elementos «incongruentes o increibles», y de pronto, a la vuelta de la hoja, el cuento se acababa sin más.
¿Alguna vez les ha pasado? están a punto de venirse, sienten como su cuerpo empieza a acumular toda esa energía lista para ser liberada en ondas de placer, saborear por anticipado el momento sólo ayuda a acumular más y más energía, cada vez más rápido y de repente, un ruido, un movimiento del amante, un calambre, un cambio de posición, un pensamiento inútil aparece, la energía se disipa y el orgasmo huye. Así es leer un cuento de Roberto Bolaño.
Creo que no soy la única, pero es difícil salir del closet de «no me gusta Bolaño, uno de los autores más influyentes en la lengua española», probablemente no faltara quien me vea feo y alegue que no entendí la «suerte de abismo temporal a través del cual todo se ve como irrecuperablemente perdido» que abunda en sus narraciones y probablemente tengan toda la razón.
Yo, me quedo con su primer novela, con la sensación de que no me gusta el «verdadero» Bolaño y con la esperanza de que tal vez, su obra póstuma 2666 no me resulte tan anticlimatica.
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