Los menores de edad
dio los niños. Son lo más molesto del mundo, se la pasan llorando, pidiendo cosas, dando lata. Los aborrezco casi igual que a los adolescentes, son tan estúpidos, tan huecos, tan dramáticos. Cuando tenia veintitantos, esa era mi idea sobre los menores de edad. Ahora que tengo treinta creo que entre más lejos te […]
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- Mamá gato
dio los niños. Son lo más molesto del mundo, se la pasan llorando, pidiendo cosas, dando lata. Los aborrezco casi igual que a los adolescentes, son tan estúpidos, tan huecos, tan dramáticos.

Cuando tenia veintitantos, esa era mi idea sobre los menores de edad. Ahora que tengo treinta creo que entre más lejos te encuentras de una edad, más aprecias las delicias propias de la misma y te vuelves tolerante a sus características.
A los veintitantos, no estaba lejos de esos adolescentes «dramáticos y estúpidos» , probablemente, yo era aún así y lo que me causaba repulsión en ellos era mi propio reflejo. En cuanto a los niños, no entendía que tenían que ver conmigo, en cierta forma, de la noche a la mañana y gracias a que mi hermano fue uno de esos adolescentes -estúpidos :p – que engrosan las estadísticas de la paternidad mal planeada, en mi vida se colaron mis sobrinos, pasé de vivir con un adolescente, a vivir con dos adolescentes -su novia se mudo a vivir con nosotros- y con un bebe, y después con un niño y un bebe. Pobres de mis papás.
Ahora, ya no vivo en la casa paterna, mis sobrinos aún son peques (11 y 8) y curiosamente, terminé dando clases en bachillerato, a adolescentes.
En The tree of life, de Malick, se explora el sentido de la vida a través de los ojos de un niño, es una película con una fotografía hermosa, una especie de poema visual que sin embargo, entraña un mensaje que te trastoca, a través de secuencias cotidianas logra conectar con esos recuerdos empolvados de tu infancia. Y sí bien, tu infancia no se parezca para nada a la del personaje principal, es la capacidad de hurgar en tu interior lo que la vuelve tan especial, la capacidad de que puedas recordar como era ver todo cuando eras niño. ¿Lo recuerdas?

Recordar lo grande que era todo, el vivir entre gigantes, el calor por las tardes, tu comida favorita, las primeras culpas, los primeros dolores, los primeros miedos. La idea que tenias de como funcionaba el mundo, las cosas que te preocupaban, el amor, los juegos.

Es esta capacidad de recordar, de reconectar, lo que tal vez me ha acercado a los niños, la necesidad de protegerlos, de permitirles vivir sus preocupaciones y su mundo, lejos del mundo adulto y los verdaderos peligros. La felicidad compartida de jugar en el parque, de volar un papalote, de salir en la bici, de ver caricaturas y reírte, reírte hasta las últimas consecuencias, hasta las ganas de orinarte, hasta el dolor de panza.
El año pasado, otra película, Boyhood, me hizo darme cuenta, de como mi idea sobre los niños y los adolescentes ha cambiado. Boyhood sigue el crecimiento real de un niño, mucha gente la aborreció precisamente por esto: no tiene trama, decían. A mí me parecio maravillosa, una película cuya trama es la vida, la vida común y corriente, ¿tú dirías que tu vida no es digna de ser vivida porque no tiene trama, porque no pasa nada «interesante»? En lo sencillo se encuentra lo realmente complejo. En el caso de Boyhood, se tiene la oportunidad de recordar una etapa más «cercana», tal vez en la infancia no eramos tan conscientes de los que pasaba en nuestra vida o hay muchos recuerdos que se entierran tanto, que ya no sabes si lo viviste o lo soñaste, pero la adolescencia es otra cosa.
Muchas de las cosas que te pasaron antes de los veinte, te ayudaron a construir de forma más tangible la persona que eres hoy. La música, el cine, los amigos, ¡el sexo!.
Trabajo todos los días con adolescentes y aunque a veces quisiera aventarles un zapato, no puedo dejar de aprecia lo hermosos que son. Por muy «maleados» que estén, su inocencia es increíble. Su amor, es el más puro. Los adolescentes aman como nadie lo hace. Y no nada más aman personas, aman hobbies, aman grupos musicales, aman modas. Puedes reconocerte en su absolutismo («nada más esta música esta chida, lo demás es bazofia»), en su capacidad de asombro, la cual permanece a pesar de vivir en una época en la que son bombardeados con todo tipo de información. Amo su alegría, sus tonterías, las cosas simples que los hacen felices -de verdad felices-.
Convivir con niños y adolescentes, es asistir a un milagro en proceso, ante tus ojos un ser humano crece. De repente, te das cuenta de que puedes inferir en ese ser humano, es una responsabilidad enorme. Alguna cosa que digas, alguna cosa que hagas, algo que le enseñes, puede cambiar su vida. Y no estoy exagerando.
Haz memoria ¿cuantas cosas, buenas o malas que dijo algún adulto con el convivías se quedaron en ti? ¿Cuantas modificaron tu camino?. Cuando yo era niña, no tenia primos de mi edad ni mucho amigos, era común convivir con mis tios y tias, adultos todos. Mis tias en sus veintitantos, aman grupos como Gun´s and roses, The cure o Caifanes, primero por imitación me fui acercando a ese tipo de música, descartando lo que en aquellos tiempos se escuchaba más en SLP, música norteña o banda. Como yo lo veo, ese contacto definió una parte importansima de mi.
A veces por las tardes, mis papás apagaban la tele, ponían vinilos en el tocadiscos -no eran hipsters, simplemente aún no se inventaban los cd´s- y se sentaban a leer. Me sorprendía lo entretenidos que se veían con esos libro gordos llenos de letras pequeñitas y sin dibujos, así es que empecé a leer libros así, para convivir. Luego me di cuenta, que no solo era entretenido, sino que las historias me enseñaban cosas que no veía en la tele -y pos, no había internet- . Por eso empece a leer.
Cuando estaba en la secundaria estaba enamorada de mi maestro de dibujo, de hecho, creo que todas las niñas de la escuela estábamos enamoradas de él, cómo yo leía y escuchaba música que no era muy común en esa época para una adolescente, tenia más de que platicar con mi amor platónico, las recomendaciones de películas y libros que me hacia eran invaluables para mi, y me fueron llevando al cine de arte.
Otra maestra, la maestra de biología, era tan entretenida y aprendía tanto en su clase, que durante un tiempo baraje la idea de estudia biología marina.
En fin, podría poner mil ejemplos más de como los adultos influyeron en mi cuando era una niña y una adolescente. No es que a los veinte o ahora este libre de dicha influencia, pero en las primeras etapas de crecimiento, era más fácil de influenciar, más impresionable, más vulnerable al bien y al mal.
Quien dice que los adolescentes de «ahora» son más tontos o escuchan peor música o son más indolentes, o no conviven mucho con adolescentes -no nada más con uno, sino con varios- o no se da el permiso de recordar. Recordar lo estúpidos que eramos. Lo hermosos y genuinamente inocentes que eramos.
My heart bleeds about it / bleeds about it today
It´s hard but I know that I`ll make it to the kingdom one day