De_cierta_casa
La carretera se extiende recta, la línea blanca que seguía para llegar a tu casa, ha empezado a diluirse. No importa, sé como llegar. El sol empieza a ocultarse entre los cerros, sus reflejos dorados delinean la silueta del desierto, nubarrones grises y púrpuras, parvadas de aves negras flotan sobre los pesados trailers que rebaso. […]
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- Mamá gato

La carretera se extiende recta, la línea blanca que seguía para llegar a tu casa, ha empezado a diluirse. No importa, sé como llegar.
El sol empieza a ocultarse entre los cerros, sus reflejos dorados delinean la silueta del desierto, nubarrones grises y púrpuras, parvadas de aves negras flotan sobre los pesados trailers que rebaso.
Como siempre, la podredumbre que vive en las orillas de la carretera se muestra obscena, seres humanos que jalan carritos donde llevan basura y macetas con bugambilias moradas, tiraderos de carros, oxxos clonados, moteles a los que jamás iremos y de los que jamás saldrán aquellos infieles amantes, fabricas grises…desierto increíblemente verde por las lluvias, nuestras lluvias.
La carretera se extiende frente a mí, los reflejos dorados del día que se acaba me lastiman los ojos, no veo el camino. No me preocupo, el camino me conoce y me lleva a nuestro hogar.
El camino no siempre ha sido fácil, no siempre me llevo a ti y me perdió varias veces. Pero hoy no es así, hoy no será así.
Llego a la casa de noche, el auto se detiene de golpe, la gasolina solo alcanzo para llevarme a la entrada; no importa, puedo caminar el trecho que falta.
Mientras camino hacia la puerta, descubro que no tengo nervios ni miedo, sé, que llego a una casa vacía, sé que hace años no estas ahí.
A la entrada, un árbol de lichis muere lastimeramente, sonrío ante nuestra insolencia de querer plantar lichis en el desierto. Cierro los ojos y recuerdo el sabor de su carne translucida bebida de tus labios. Luego, sin ninguna razón particular, pienso en el mar.
Me detengo frente a la puerta, se que no estas, pero aún así, espero ingenuamente que con detenerme y cerrar los ojos y pedir en secreto que estés, te vas a materializar ante la puerta, con tu sonrisa felina y tus ojos que son dos universos.
Abro la puerta, tu perfume se me encarama al cuerpo y me da la bienvenida. Acaricio su lomo y dejo que me guíe por la casa vacía. Sobre la mesa, están las llaves de mi alma –y me carcajeo cuando pienso en Chente-, debiste olvidarlas al salir, de prisa.
Al fondo, en el tocadiscos, un vinil viejo de mi madre repite una y otra vez la misma estrofa, de aquella vieja canción:
Fuiste mía un verano solamente un verano
Yo no olvido la playa ni aquel viejo café
Ni aquel pájaro herido que entibiaste en tus manos
Ni tu voz ni tus pasos se alejaran de míQue otra vez será, que otra vez será
Tierno amanecer, sé que nunca más…
Me acerco para quitar el disco, pero finalmente me arrepiento y destrabo la aguja para que la canción termine. Por fin termine.
Aun hay palabras regadas por el piso. Recuerdo, que cuando por fin nos encontramos, nos dijimos todo lo que estos años habían estado pudriendo en nuestras entrañas: recuerdos borrados, pensamientos prohibidos, anécdotas infantiles, el recuentos de los días, planes a futuro. Palabras nunca dichas antes, brotaban y cubrían el piso de la casa. Cuando teníamos tiempo, las barríamos hacia las esquinas, bajo la mesa o la cama, otras, nos divertíamos brincando sobre ellas, haciendo sonar su crujido de hoja seca.
En el librero, los talismanes y un frasco con un enjambre de estrellas junto a los libros que te regalaba cada 31 del mes. No necesitabas los talismanes, tú eres la suerte. No necesitabas el enjambre de estrellas, no estabas perdido, solo desorientado. Los libros, en cambio, nunca sobran.
En la casa siempre es verano, un calida brisa la recorre; las noches pixeladas que se quedaron en mis retinas se diluyen con la menuda lluvia que moja la cocina. La comida que prometimos comer en la cama, se ha llenado de moho azul. Al tomarla para tirarla a la basura, unos cuantos “no fue suficiente” salen de sus escondrijos y corren hacia las esquinas oscuras de los muebles; les tengo asco a esos animales. Me gustan más los “hice todo”, pero no viven bajo la lluvia.
Ya no hay tristezas en la casa, se nos escaparon un día que dejamos la puerta abierta, el día que supimos que no podíamos seguir viviendo en la casa, el día que nos vinieron a avisar que era el fin del mundo, de aquel mundo paralelo.
Me acuesto en tu cama, me tapo con tus sabanas, trato de recordar como era tenerte dentro…dentro de mi ventrículo izquierdo, dentro de mis oídos, dentro de mis labios. Reconstruyo ni nombre en tu lengua, dibujo tu ombligo en mi vientre, toco el tatuaje en mi espalda: your ex-lover is dead.
Me incorporo, es casi hora de irme, descubro sobre la cama, hecho un ovillo, un gato muerto. Se parece al gato que venia los martes a comer en la cornisa de la ventana. Parecía dormido, inmediatamente supe, que se había envenenado, algunos gatos rojos son así; no pueden comer muchos martes, sábados o domingos, ni lunas menguantes o tardes crecientes, porque se intoxican, se desgastan y la vida se les escapa mientras duermen. Respiro profundo, no pasa nada, es cosa de enterrarlo y revivirá al 8º día, pero ya no será rojo, es una lástima, el rojo era nuestro color favorito.
Esta por amanecer, se que ya no vendrás, esta ya no es nuestra casa. Me acerco al calendario, hay muchas fechas marcadas, días que ya no conozco, noches que sospecho. Marco con el labial que nunca te mancho, el día: 8 de Julio. Aunque no nos volvamos a ver, quiero que sepas, que aquí estuve.
Me miro al espejo, he cambiado tanto, mis ojos ya no cambian de color y huelo a naranja. Maquillo mis labios y recojo algunas lágrimas que se me cayeron al piso, ya son escasas y debo cuidarlas cada vez más.
Tomo al gato muerto en brazos y me dirijo hacia la puerta. Una ultima mirada a la casa, ahora desierta, a los fantasmas ahora dormidos, a la música ahora callada.
Recuesto al gato rojo en su nueva cama de tierra, mañana cuando despierte, podrá salir del agujero en el que ahora se encuentra y tal vez, nunca vuelva a nuestra ventana, porque era una ventana para gatos rojos, no pardos, verdes o índigo. Eso esta bien, ya no hay quien le dé de comer colibríes.
Intento abrir el frasco donde guarde el enjambre de estrellas, pero el polvo de estrella y el tiempo, han sellado la tapa. Finalmente resuelvo, que no vas a necesitar el frasco y lo lanzo lejos. No oigo cuando se rompe, pero imagino que lo hace, pues el cielo se ve menos oscuro.
¿Cómo voy a regresar? El coche ya no tiene gasolina. Estoy parada en la línea blanca de la carretera en el desierto. Tus ojos son el agua. Y yo tengo una sed que no se acaba.
Camino hacia la noche, pronto ha de amanecer y le pediré a algún viejo conocido que me lleve de nuevo al mundo.
Enciendo un cigarro, algo dentro de mi me dice que te espere, el viento se lleva los aros de humo que exhalan mis pulmones.
Enciendo otro cigarro y camino hacia la noche: No hay suficiente tabaco en el mundo para esperarte.
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otro desempolvado
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