Dos años de kendo ¿para que?
Nunca he sido buena para los deportes. Para empezar, algo tan simple como correr se me hace un martirio, no solamente por las razones que «saltan a la vista» y por las que las mujeres debemos usar tops deportivos, sino porque no aguanto nada, me sofoco, me canso a la primer vuelta a la cancha. […]
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- Mamá gato

Nunca he sido buena para los deportes.
Para empezar, algo tan simple como correr se me hace un martirio, no solamente por las razones que «saltan a la vista» y por las que las mujeres debemos usar tops deportivos, sino porque no aguanto nada, me sofoco, me canso a la primer vuelta a la cancha. Mi primer recuerdo traumatico con los maratones, fue cuando en el kinder hicieron un minimaraton alrededor de la escuela, no llegue a la meta nunca, entre que me calaban los tennis y que me autosabotee, acabe caminando.
Cuando estaba en primaria, la idea del maestro de educación física de darnos clase era dejarnos salir a jugar, yo prefería sentarme a platicar, a hacer tarea -sí, así de ñoña era- o a papar moscas. Más de una vez fui esa niña a la que le dan un balonazo en la cabeza por pasar cerca de las canchas en la baba.
Cuando entre a la secundaria, un mes antes de clase era obligatorio asistir a un camping de integración, una buena parte del camping eran deportes: tae kwan do, tablas gimnásticas, fútbol, softbol, voleybol, basquetbol. En todas era malisima, lo que más me había gustado era el softbol, pero cuando una de esas pelotas enormes y dura me pego en una espinilla, le empece a tener miedo y a huir lo más lejos posible del asunto.
En prepa, volvimos al modelo académico de: hagan lo que les de la gana. Pero en la prepa ya era más descarriada que en primaria y secundaria, tenia más «amigos», gente que de alguna manera ha permanecido en mi vida, así es que era más difícil negarse y quedarse aplatanada leyendo un libro. Lo que más jugábamos era basquetbol, pero yo básicamente era el miembro del equipo que agregan para completarse, siempre me quedaba en las orillas corriendo de un lado para otro y cuando me pasaban la pelota ocurrían tres cosas: no estaba atenta y me tocaba balonazo -una vez hasta me tiro al piso el golpe y vi «literalmente» estrellitas- , me quedaba como tonta dando pasitos cortos e intentando pasarselo a alguien más o correr como tonta y cometer falta.
Afortunadamente me conseguí un novio y entonces ya no tenia que jugar basquet, porque podía pasarme esa hora a la sombra besuqueandome con el novio o platicando de tonterías que ahora ya no recuerdo.
En la Universidad no hay educación fisica, pero me volví vanidosa y entonces, empece a hacer ejercicio para verme bien, iba al gimnasio, hacia spin, zumba, «box», tae bo, natación etc etc etc. Creo que lo único que no he hecho son esas clases para señoras de striptease, pero yo digo que no las necesito, porque hasta a clases de danza arabe me meti, entonces, eso de bailarle sepsi a la pareja, pues ya lo tengo medio cubierto.
Me di cuenta, de que no es que no me guste hacer ejercicio, de hecho, me gusta bastante, lo que no me gusta son los deportes en equipo. No me gustaba que la gente esperara algo de mi en una cosa importante, como en un partido. Yo soy yo y mis traumas.
Así brinque de ejercicio en ejercicio, pero no me quedaba en ninguno y la única función del ejercicio era mantenerme en forma, nunca obtuve nada más allá nunca pude llevarme nada fuera del gimnasio que no fuera tener mejores nalgas o menos pancita -que no es poco, digo, no me quejo-.
El asunto es, que conocido el Kendo, en un momento extraño de mi vida. Estaba pasando por el peor episodio de mi vida en mis 28 años, estaba terminando la relación más larga, importante y contundente que había tenido, me estaba volviendo loca de ansiedad, no comía no dormía me acabe las uñas, me la pasaba llorando, tenia taquicardias, se me cerraba la garganta; bueno, me estaba volviendo loca, así bien chido. Y mis libritos de zen que me decían que nada es permanente no me servían para un carajo ¿cómo llevar eso a la vida real?
Cuando Japón entro a la modernidad se prohibieron los Samurais -vean El último Samurai con el Sr. Cruise, es la explicación con manzanas de lo que paso-, estos guerreros que habían dedicado toda su vida a luchar por el Emperador o al servicio de algún Señor «Feudal» se quedaron sin trabajo. Algunos decidieron seguir practicando y enseñando el arte de la espada, pero como han de imaginar, entrenar usando espadas de verdad era peligroso, por lo que usaban espadas de practica hechas de madera o bambú Con el tiempo, se fue profesionalizando la enseñanza y volvió deporte nacional en Japón, al grado que hoy en día, todos los policías del país tienen que practicar kendo, se imparte en escuela en todos los niveles y ser un campeón «kendoka» es excesivamente difícil pero igual de honorable y recompensado -cómo si fueran samurais de verdad-
¿Por qué me gusta el kendo? ¿Por qué me quede ahí? Lo que me gusta del kendo, es que lo que aprendo me ha servido para la vida.
Para empezar, por ahorita soy la única mujer en el equipo, teníamos una compañera más pero por cuestiones de salud ha dejado de entrenar, ser mujer y entrenar a la par con los hombres me ha vuelto más fuerte, más ruda, ser mujer no es pretexto. La fundadora del grupo de kendo en San Luis Potosí, fue una mujer junto con otros sempais (maestro) hombres, Sempai Luna es muy fuerte y rápida y es pequeñita, más chaparrita que yo incluso -yo mido 1.60- , ser mujer y ser mucho más chaparrita que los hombres de mi grupo tiene sus ventajas y desventajas, obviamente soy menos fuerte físicamente pero puedo ser más rápida o escurridiza, eso me ha enseñado a explotar mis puntos fuertes en vez de pasarme la vida quejándome de mis puntos débiles o estar enojada conmigo por las cosas que no puedo hacer.
El concepto de «nada es para siempre» y no «apegarse a una emoción, sentimiento o acción», también se lleva a la practica; cuando entrenas repites un montón de veces el mismo ejercicio y aveces no le ves razón de ser, hasta que combates. Sí te aferras al sentimiento de miedo, de cansancio, de impotencia o frustración no puedes entrenar bien, no puedes seguir avanzando, no hay oportunidad de meter ni siquiera un golpe valido. Una enseñanza básica es que cada «men, kote o do» -los golpes validos en el kendo- son uno solo en su momento, es decir, hiciste u «men» mal, ni modo, el que sigue hazlo bien porque es el único, el que hiciste mal ya no existe y si te distraes pensando en el que sigue no estas poniendo atención en lo que estas haciendo y probablemente lo vuelvas a hacer mal. Sólo te queda este, este momento de hacerlo bien. En la vida funciona igual, he hecho muchas cosas mal y muchas cosas malas, pero sé que lo haré mejor hoy, trato de poner toda mi atención en hacer las cosas mejor hoy porque es todo lo que realmente tengo.
También evitas generar rencores o sentimientos de superioridad. Algunas veces hemos tenido accidentes, golpes mal dados en el fragor del combate o te presionan mucho para que des todo lo que puedes dar, si guardas rencor o te aferras al miedo, cuando te vuelvas a enfrentar con el oponente, tu mente estará nublada por la emoción y así es muy difícil pensar claro y acertar un golpe. Por otro lado, si resulta que eres bueno y te la crees, te distraes y es fácil que te bajen los humos a golpes.
He comprendido lo que es tener espíritu ¿se acuerdan cuando veíamos los Caballeros del Zodiaco y veíamos a los caballeros de bronce levantarse una y otra vez después de una chinga? Pues ahora los entiendo y sé que es posible, aveces tu cuerpo ya no responde, estas cansado, la vista se nubla, el oponente no deja de meterte puntos -golpes- y de gritarte -durante los combates se grita para mostrar el espíritu y doblegar al oponente- , estas cansado de «correr» de un lado para otro y para acabarla de chingar, estas trabado ¡ya no se te ocurre que hacer para defenderte!, estas a punto de desmayarte y de pronto, algo dentro de ti dice: No. Y quien sabe de donde carajos, sacar fuerza para arremeter contra el otro, para gritarle, para sacarte de la esquina en la que te tienen; la primera vez que te pasa eso, el sentimiento es muy fuerte y esclarecedor, como un pequeño Satori -iluminación-. Siempre puedes, siempre puedes aunque tu cuerpo ya no pueda.
También ha resultado ser una especie de meditación en movimiento, aveces me concentro tanto en lo que estoy haciendo durante el entrenamiento que dura una hora -movimientos, pies, postura, respiración-, que cuando termina siento mi mente despejada y clara, cualquier problema que tuviera antes se ve más pequeño y es más fácil dar con una solución, de hecho a menudo me doy cuenta, de que terminado el entrenamiento el problema ya esta resuelto. O si estaba enojada, sentida o triste, cuando termina el entrenamiento ya estoy tranquila, lista para ser sincera y ver que me pasa.
Al principio parece que es un deporte egoísta cada quien busca su propio aprendizaje, cada quien es su propio oponente, nadie depende de ti más que tú mismo; pero conforme avanzas y aprendes te das cuenta que nunca estas solo y que todos estamos conectados. Si no aprendes, retrasas al grupo, si no entrenas con todas tus ganas mejor ni vayas a entrenar, porque le quitas la oportunidad a alguien más de por ejemplo «combatir» y aprender con algún Sempai que estará perdiendo el tiempo contigo, si aprendes y le hechas ganas te vuelves un buen oponente y con eso ayudas a los demás en su entrenamiento.
También, personalmente, me ha ayudado con mi demonio de la impaciencia. Hay que ser pacientes, he visto llegar un montón de gente nueva, gente que va al gimnasio o que ya ha hecho artes marciales antes (kung fu, karate, etc.), incluso gente que ya había estado en Kendo y que por el motivo que sea había dejado de ir, y los he visto desmayarse con la intensidad del entrenamiento o simplemente ir a dos clases y desertar. Hay que ser pacientes para poder dar con todos estos tesoros que tiene el kendo para los que lo practican. No todos te pueden ser dados de un jalón, algunos los aprendes medio año después, otros hasta que tienes armadura, otros todos los días.
Por si fuera poco, es excelente ejercicio; nunca había sudado tanto en mi vida haciendo algo aparentemente «fácil», ni había quedado tan adolorida.
Con todo y lo aprendido, dos años después del primer día que me pare a clase, siento que me falta mucho aprender y es emocionante, ningún entrenamiento es igual y siempre, todos los días de clase, aprendo algo que me puedo llevar para afuera y que en mis momentos complicados -de esos que son cada vez más frecuente ahora que vamos creciendo- puedo utilizar.
No quisiera dejar de hacer kendo nunca, menos ahora que ya he visto señores japoneses de más de 70 años con una técnica y velocidad envidiables y una serenidad que se transmite con verlos. La mayoría han empezado a tomarse enserio esto de entrenar apartir de los 30 años, así es que ¿es buen momento no?
Arturo
Te felicito por estos 2 años, y a mi me paso igual yo nunca fui bueno en los deportes, llegue a odiar la clase de educacion fisica. Te felicito más por la forma en la escribes me emociona a querer conocer más sobre el kendo. Finalmente me gusto la foto al igual que esta http://statigr.am/p/319875690164856434_17025968
ya sabes por que!!
SALUDOS Y UN FUERTE ABRAZO