Home
Él y yo decidimos vivir juntos. No iba a ser fácil, a nuestra nueva casa no solamente íbamos a mudar nuestras pertenencias terrenales, sino también nuestros fantasmas, nuestro karma, nuestros miedos. No iba a ser fácil, pero queríamos hacerlo, venir de una situación parecida, haber perdido a la misma persona, afrontar los mismos juicios […]
- by
- Mamá gato
Él y yo decidimos vivir juntos. No iba a ser fácil, a nuestra nueva casa no solamente íbamos a mudar nuestras pertenencias terrenales, sino también nuestros fantasmas, nuestro karma, nuestros miedos.
No iba a ser fácil, pero queríamos hacerlo, venir de una situación parecida, haber perdido a la misma persona, afrontar los mismos juicios en vez de separarnos, nos unían más, nos volvían más fuertes.
Así es que, nos fuimos a vivir juntos.
Le pusimos un nombre a nuestro hogar «cubil», lo reparamos nosotros mismos, lo pintamos, lo acomodamos y lo llenamos de gatos y plantas.
Hicimos fiestas, fiestas de azotea, fiestas en la sala, fiestan tan buenas que gente que no conociamos en el momento nos han platicado que oyeron de «esa fiesta», hicimos fiestas con amigos, fiestas con desconocidos, fiestas con desconocidos que ahora son amigos, fiestas que terminaron a la 1 pm del otro día, fiestas que tomaron vida propia.
Vinieron amigos a la casa, a ver películas, a jugar videojuegos, a platicar, a conocer a los gatos, a tomarse un vaso de agua, al baño. Algunos amigos de toda la vida, no han venido, tal vez nunca vengan, tal vez, ya no son amigos de toda la vida ¿quien sabe?
De una forma mágica que no sé explicar, aprendí a cocinar y ¡soy buena!, aunque casi no uso sal para nada, mi comida no suele ser desabrida y según me ha dicho él, el guacamole me sale espectacular, lo cual es gracioso, porque no soy fan del aguacate. Además, me gusta hacer de comer, descubrí el placer sencillo de alimentar a alguien que amas, entender que alimentas cuerpo y alma. Y aunque me guste mucho hacer de comer, son los martes, jueves y sábados, cuando él me grita «¡a comer!» lo que me hace más feliz.
No sólo se sobrepuso a su alergia a los gatos, sino que genuinamente se volvió un «cat people», lo escucho reír, hablarles, cargarlos, dejarlos llenar su ropa negra de pelos, limpiar la arena y muchas veces, los consiente más de lo que permitiría consentir un gato.
Él ha aceptado que soy obsesiva de la nimiedades, me puede poner de mal humor que el papel de baño este mal colocado, que haya un desorden en el refrigerador o en la alacena, que haya trastes sucios en la mesa o que tome alguna de mis cosas y no la vuelva a poner en su lugar; ha cedido los sitios de originalmente era permitidos para fumar, como la oficina o la sala y se sale a la ventana o al pasillo para fumar lejos de mi, yo agradezco estos gestos y he dejado de discutir si pasa o no un día sin fumar, si fuma mucho cuando trabaja o si va a dejar de fumar algún dia, incluso le regale una pipa en su cumpleaños y me regocijo en lo sexy que me parece cuando fuma, él ha aceptado que soy muy perezosa, que dormir es una de mis cosas favoritas y aunque aveces me lo critica, suele dejarme dormir todo el tiempo que quiera, me deja ser ermitaña y quedarme en casa, él hace los mandados y sale al mundo por mi si yo no tengo ánimos o no quiero asolearme, he aceptado que le ponga mayonesa a todo, que trabaja mejor de noche y de madrugada aunque eso aveces signifique dormir sola, que Phineas y Pherb es una caricatura divertida, él ha aceptado que no me guste Family Guy ni Natalia Lafourcade y que lo moleste con que algunos grupos le gustan solo por que las vocalistas son bonitas.
Me mima, me cuida, me consiente tanto que subi 10 kilos, claro, no todo es culpa de que salgamos a comer mucho, de que coma tantas golosinas, de que desayunemos a la 1 de la tarde y cenemos a las 4 de la madrugada, no, mucho es la pereza que ya mencione arriba, pero aún así, nunca esta de acuerdo conmigo cuando le digo que estoy «gorda», jamás ha dejado de adularme y ahora que me puse a dieta, hace lo posible por apoyarme y animarme.
No me obliga a ser ama de casa, el cubil puede ser un reino de pelos, polvo, trastes sucios, ropa tirada en el piso, y baños desordenados por semanas, hasta que nos hartemos, hasta que un domingo nos pongamos a limpiar entre los dos, hasta que tengamos ganas o tiempo o los dos.
Me anima a jugar videojuegos, aquí en el cubil termine mi primer rpg, un juego hermoso de Ghibli llamado Ni no kuni, y estoy empezando mi primer Final Fantasy. Hemos terminado series, empezado otras, nos hemos enganchado a animes, hemos visto un montón de películas y hemos tenido un montón de debates y largas platicas.
Rentamos una casa bonita en el centro, una casa algo chueca, con patio central y cuartos separados, una casa que no se hizo sola, como las primeras casas -me imagino- es una mixtura de sus cosas, de las mías, de las cosas que los papas y los amigos nos han donado o regalado, de las cosas que vamos comprando juntos.
Sabemos que no siempre vamos a vivir en este cubil, pero también sabemos que siempre vamos a recordar esté, nuestro primer hogar, también sabemos que no importa a donde vayamos, mi hogar, nuestro cubil es donde esta él y mis gatos.
Cumplimos un año viviendo en el cubil, tenemos 32 años y cuatro gatos, es 2014 y esta es la música que escuchamos:

Arturo
Felicidades y que cumplan muchos años más! un fuerte abrazo! Gracias por compartir estas letras y permitirme salir de mi monotona vida.
Saludos, tu fiel seguidor.
Arturo
Jaz, por cierto muy buena la lista de rolitas, me encanta!
Saludos!
Lo Zorro
:,) iilwy!
Ginny
Felicidades a los dos, qué bonito texto 🙂
Morgana
Me encanto. 🙂