No le gustaba el desierto
siempre le pareció triste escuchar el lamento de la tierra, los guijarros ocres que añoraban la caricia del mar y el sonido de la eternidad. ¿Cómo es posible que incluso algo tan enorme como el mar, se vaya? ¿Cuando la playa se alejo tanto? Ahora, con los ojos entornados y protegidos por su mano, solo alcanzaba a […]
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- Mamá gato
siempre le pareció triste escuchar el lamento de la tierra, los guijarros ocres que añoraban la caricia del mar y el sonido de la eternidad. ¿Cómo es posible que incluso algo tan enorme como el mar, se vaya? ¿Cuando la playa se alejo tanto? Ahora, con los ojos entornados y protegidos por su mano, solo alcanzaba a ver el espejismo de la carretera.
Imaginó, por un momento, que la linea blanca se terminaba en la arena, lamida por las olas la pintura blanca se disolvía dejando un finisimo rastro en el agua.
No le gustaba el desierto, ni orinar a la orilla de la carretera; suponía, que las alimañas de tan rencoroso paisaje esperaban tras los arbustos la oportunidad de trepar por sus piernas y lastimarla.
Al estar segura de que no escurrirían gotas de orina en su pantaleta, se empezó a incorporar lentamente, siempre alerta, mirando alternadamente a todos lados para localizar posibles amenazas (animales, hombres, sueños). Entonces, sucedió.
La sombra del huizache se hizo más fresca y acaricio sus cabellos, la tierra entreabrio sus guijarros y le mostro un bulbo carnoso: es peyote, le dijo.
No le gustaba el desierto, le parecía un amante abandonado, esperando a que sus carnes sin vida se llenaran de orgasmos.
Orgasmos, como el que ahora ella tenia al sentir el viento en sus manos. El mar se escuchaba de nuevo, entendió, que nunca abandono esa tierra, el mar, el desierto, el cielo, el universo, estaba todo concentrado en ella en ese momento. Todo estaba y no estaba ahí.
No le gustaba el desierto, pero los cerros se tornaron azules y brillaban con luz propia, el cielo se cubrió de estrellas que nunca había visto, destellos moribundos…se conmovió al pensar en la luz de esos astros moribundos viajando años luz para llegar a su retina y finalmente…ser vistos por tan pocos.
No le gustaba el desierto, pero descubrió que esconde remolinos que suenan como el mar, flores entre las espinas y águilas que planean sobre sus recuerdos.
Se sintió contenta de que su luz, moribunda y débil, haya sido vista…por tan pocos.
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