De nuevo, fin del mundo.
esde que me acuerdo, el mundo se esta acabando. La primera vez, era muy chica para poner atención, pero años después encontré en los libros de mi casa uno que se llamaba: «1988, el fin del mundo». Paso un tiempo sin que volviera a enterarme de algo así, la adolescencia y adolescer ocupaban todo mi […]
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- Mamá gato

esde que me acuerdo, el mundo se esta acabando. La primera vez, era muy chica para poner atención, pero años después encontré en los libros de mi casa uno que se llamaba: «1988, el fin del mundo». Paso un tiempo sin que volviera a enterarme de algo así, la adolescencia y adolescer ocupaban todo mi tiempo, hasta que llego el 2000. Debo decir que el 2000 fue toda una decepción, para empezar no era el futuro que esperábamos y el mundo, para variar no se acabo. Las computadoras no se destruyeron por el 2K y aunque espere el fin del mundo, sentada en una silla, viendo el amanecer, este nunca llego.
Mi siguiente esperanza, fue el Colisionador de Hadrones. Suicidios en algunas partes del mundo, expectativa sobre el experimento, de nuevo nada.
Así, he llegado al 2012, todas las miradas se vuelcan sobre nosotros, sobre los códices de nuestros mayas. Cuando esta histeria colectiva nos alcanza, veo con ternura en nosotros, a ese hombre primigenio que se espantaba al ver pasar un cometa. La ciencia, los avances tecnológicos culturales e incluso espirituales, no han sido suficientes para lograr que dejemos de temer que un dia el dios sol ya no salga para nosotros. Al contrario, gracias a la ciencia estamos más al pendiente de las alineaciones planetarias, de los asteroides gigantes, de los agujeros negros, los planetas errantes, las explosiones solares y gracias a la tecnología nos convertimos en portavoces de los presagios.
Sobre el 21 de diciembre de este año, ha trascendido sobre todo en las redes sociales, la advertencia de que según la NASA -y digo según, porque sinceramente no me he puesto a buscar si es cierto o no que fue un comunicado de la NASA- ese día habrá un fenómeno llamada «noche» que oscurecerá la tarde, pero que pasará.
De nuevo, ante la necesidad de tranquilizarnos consumiendo estos datos, veo esos primeros humanos, veo a nuestro ancestros en nosotros, esperando que la sangre ofrendada ayude a Quetzalcoatl a librar su lucha contra la noche y traiga de nuevo el sol.
El año pasado, Lar Von Trier hizo una película apocalíptica -que por cierto gano el Festival de Canes-, Melancolía. En ella, en un tiempo que podría ser el nuestro, se anuncia -justo como otras veces se ha hecho-, que un planeta errante llamado Melancolía va a pasar muy cerca de la tierra. Los científicos dicen que no chocaran, pero como es de esperarse, la gente se preocupa y la histeria crece.
¿Que es lo hermoso de esta película? , no es la típica película en la que el planeta es salvado por los gringos, no, tampoco vemos la histeria destruyendo la humanidad, no hay escenas de destrucción masiva, ni de saqueos. Lo que vemos, es el impacto de esta noticia en una familia, en su interior, es una película que muestra la verdadera fragilidad de los seres humanos ante un fenómeno de este tipo. Al final, no podemos hacer nada, solo tomarnos las manos y esperar que melancolía se estrelle contra nosotros.
En una parte, uno de los personajes principales afirma: allá afuera no hay nada, nadie más con vida, eramos el único planeta con vida y cuando nos destruyamos, no quedara nada. Por un momento, tener una certeza así, es hermoso. Lejos de parecerme fatalista, me parece grandioso: somos una extraña coincidencia, algo único e irrepetible, algo que una vez que desaparezcamos, no volverá a ocurrir. Silencio en el universo.
Parece que no nos damos cuenta que el mundo se acaba diario para alguien, que el mundo en realidad se termina cuando hay un cambio grande en tu vida. Cuando alguien o algo marca un antes y un después, tu mundo se termina y empieza de nuevo.
A mi el mundo se me termino hace dos años, yo fui el meteorito que destruyo mi planeta, me fragmente en pedazos y entre en un periodo de congelación. No ha sido fácil, a diferencia de mi antiguo planeta que inicio en primavera, en este nuevo planeta hubo mucho invierno y aveces parece que después de la primavera es una ley natural que llegue un día de otoño o de invierno que marchite las flores. No me estoy quejando, K siempre me dice, que los principios son difíciles y yo me siento cada vez más fuerte para aguantar el clima.
Todos los días se acaba el mundo, algún día se acabara el mundo para nosotros cuando muramos, algún día de verdad acabara el mundo para todos, porque nada es para siempre -y menos un planeta al que tratamos como tratamos el nuestro -.
En general, hay poco que hacer, venimos de las estrellas y algún día regresaremos a ellas, solo ponernos los audífonos y escuchar; les dejo un setlist con música preapocaliptica:

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