Once años, de nuevo…
Mi mamá no me habló de la menstruación, quiero pensar que no le dio tiempo, que estaba pensando cómo abordar el tema, que le parecía que aún faltaba mucho para que me bajara y que mi menstruación la tomo tan de sorpresa como a mí cuando yo tenía once años. Pero ni aun así […]
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- Mamá gato
Mi mamá no me habló de la menstruación, quiero pensar que no le dio tiempo, que estaba pensando cómo abordar el tema, que le parecía que aún faltaba mucho para que me bajara y que mi menstruación la tomo tan de sorpresa como a mí cuando yo tenía once años. Pero ni aun así me explicó que estaba pasando, solo me dio una toalla y medio me explico cómo se ponía, no me abrazo, no me conforto (y lo necesitaba), no me aclaro mis dudas, ni siquiera lo trato como algo «normal» pues se notaba un poco el secretismo. Aún así mi papá me compró flores y él si me abrazo…pero nunca supe si eso me hacía sentir incomoda o no.
Tampoco es que viviera en una burbuja, en la escuela y por la vida, osea la tv, había aprendido que era la regla. Me acuerdo que veíamos un programa que se llamaba «el cuerpo humano» en donde explicaban los principales procesos biológicos en el cuerpo, incluyendo los sexuales. Pero no sé, también recuerdo tener un montón de dudas y miedos y sentir que no tenía a quien preguntarle sin que me consideraran «pervertida».
De alguna forma me las arregle para que mi curiosidad me ayudará a encontrar respuestas. Encontré el valor por ejemplo, para masturbarme, lo cual me agradezco (y mi pareja) infinitamente. Y no estoy diciendo que eso es algo que me tuvieran que enseñar mis papás (iuuuuuuuuuuuuuuuuuuu) pero por lo menos eliminar el tabú de que el sexo o la auto exploración es algo malo, si hubiera sido muy útil.

Sí lo reflexionamos, los hombres desde que nacen están en contacto directo con su pene. Lo tocan todos los días para hacer del baño, van viendo su crecimiento, sus cambios, saben su color de piel, hacia donde se curva, como se ve en reposo, como se ve cuando están excitados, masturbarse es algo que viene de forma natural pues al estarlo manipulando constantemente y al ser más visuales se excitan con facilidad durante la adolescencia (además de sus maravillosas «morning glories»), es más , dentro de nuestra cultura es normal, aceptable y hasta deseable que los hombres se masturben ¿Y las mujeres? ¿Ustedes hasta cuando se vieron la vagina? ¿Podrían decir exactamente su color, como son sus labios, como ha cambio, como se cuando esta excitada? Tristemente, muchas conocen su vagina hasta que tienen que ir por primera vez con un ginecólogo o hasta que alguna pareja los graba (aguas con eso) o incluso: nunca. En mi caso, también gracias a mi curiosidad, me anduve investigando durante la adolescencia y me impacto lo que tenía allá abajo.Ahora, viéndolo a la distancia, lo realmente impactante es que fuera algo que descubrí tantos años después, mientras que los niños andaban utilizando lo suyo.
Y no es que me quiera sentir especial, no es que yo diga que gracias a mi gran curiosidad, a mi sentido de la investigación o algo parecido (y mamón) he logrado ir conociendo mi cuerpo, amándolo y sobre todo, he aprendido a gozarlo bien cabrón en todas sus etapas, enserio, todas.
¡No!, más bien es preocupante que en pleno siglo XXI siga habiendo tanto desconocimiento sobre el mismo, sigamos poniendo en manos de otros nuestros ciclos y permitiendo que nos arrebaten la posibilidad de disfrutarlos, de apreciarlos.
De esto me dí cuenta hace unos cinco años, ni siquiera hace mucho, cuando me enteré de lo que era la copa menstrual. Ya con más de 18 años menstruando, ya super ducha en el manejo de toallas y tampones, de tips para sobrellevar los cólicos, etc. me di cuenta que me habían estado haciendo mensa. Yo, como muchas, consideraba a la menstruación como horrible: algo sucio, porque todos dicen que lo es, porque hasta en los comerciales de toallas les da miedo poner sangre, porque me daba asco mancharme las manos con mi propia sangre, porque sabia que la tenia que sufrir, que me doliera era lo más normal, odiarla era lo más normal, quejarme era lo más normal. Y de repente, llegan a decirme que no, que hay otras formas de «menstruar». Me dicen que puedo honrar mis ciclos, que puedo verlos como algo positivo, que mi sangre no esta sucia, que no me pasa nada si la toco.
Para mí, ese es el verdadero valor de la copa menstrual. Claro que es muy buena por reducir desechos que le hacen daño al planeta, claro que es buena porque no produce el síndrome de shock tóxico que puede producirte un tampón (aunque sí se debe vaciar seguido para no producir inflamación en las trompas de falopio), claro que es buena porque es barata porque las mujeres gastamos mucho en productos sanitarios cada mes, pero sobre todo, es buena porque te obliga a tocarte, a explorarte, a «perderte el asco», a conocerte para poder ponértela.
Que yo quiero creer que todas las mujeres se conocen la vagina, pero ya llevo unos 10 años de docente y cuando me enteré de la copa menstrual me pareció importante que mis alumnos y alumnas (de bachillerato y licenciatura) también la conocieran. Así es que con algún pretexto (que practicaran realizar una exposición, que aprendieran a investigar, que hicieran una campaña publicitaria, etc.) los ponía a hablar sobre ella. Además, me parecía importante ponerlos de frente a la posible incomodidad de hablar de algo que debería ser totalmente normal: la menstruación. Y tristemente, en ambos niveles, siempre, siempre, siempre, después del asombro y el «asco» tanto en hombres como en mujeres venían las preguntas absurdas: ¿Y cada que vayas a hacer del baño te la tienes que quitar? ¿y si me mancho las manos de sangre? ¿es para puras mujeres que ya tuvieron relaciones? ¿puedes perder la virginidad?
Era triste que no supieran que tienen un orificio para orinar y otro por donde menstruamos, tenemos relaciones y parimos. Era triste que se tuvieran asco así mismas, incluso con los hombres, eso me hablaba de que jamás habían visto cara a cara una vagina…lo cual significa que no habían dado sexo oral o que sabían donde esta el clitoris y sus relaciones se limitaban a la penetración.
Desde entonces, recupere algo que ni sabía que había perdido: amor y respeto por mis ciclos. Y aunque no soy de esas mujeres que usan su sangre para hacer pinturas o que se miden con los ciclos lunares, reconozco que soy un animalito, parte de la naturaleza, por muy inteligente que sea y que como tal, tengo ciclos, controlados por la naturaleza y que no tienen porque ser terribles.
Claro, sé y tengo amigas que sufren mucho durante sus ciclos, pero ahora sé que eso no es normal: no debe doler tanto. Y también tengo todo tipo de ciclos, ciclos donde me siento una diosa de la fertilidad y ciclos donde no quiero salir de la cama, pero desde que me reconcilie con ellos puedo sobrellevarlos sin sufrir. A veces duele y eso no lo puedo evitar, pero ya no los sufro, enalteciendo el dolor, quejándome por todos los rincones, haciendo que el dolor dure más en mi mente de lo que dura realmente en mi cuerpo.
¿Que por que les estoy contando mis traumas de la infancia? La verdad, es que frente al parto, me he vuelto a sentir como una niña de once años.
De nuevo, lo único que tenía a la mano cuando empecé era lo que los demás dicen: es horrible, terriblemente doloroso, asqueroso. Incluso los doctores y enfermeras te infantilizan, en el afan de ser amables, te hablan con diminutivos en las consultas, me han dicho: mamita, chiquita, corazón. Y es totalmente incomodo recibir ese tipo de trato de gente que apenas conozco. Te hablan como si fueras una niñita: mire mamita, si usted quiere que su bebé nazca bien, debe venir si ve estos signos de alarma…
Lo normal es pensar que el embarazo es una especie de enfermedad que ellos van a curar, por eso me voy a «aliviar» a un hospital y no en mi casa, porque aunque mi cuerpo ha sido capaz de crear vida no es capaz de parir sin que otra persona (curiosamente, casi siempre hombre) me diga como y a que hora pujar.
Ayer le platique mi «plan de parto» a mi mamá y se quedo super asustada, de que no quiera que me programen ni parto ni cesarea. Pero más que de los detalles, creo que se quedo sumamente preocupada de que YO quiera decidir sobre mi parto, cuando para ella los doctores son casi dioses que deben decidir TODO por mí (por eso le rompí el corazón cuando me salí de medicina, ahora soy una simple mortal, no una diosa).
El problema es que uno empieza por elegir la copa menstrual y luego le sigue con el feminismo y acaba escogiendo una maternidad consciente lo cual lleva irremediablemente a la necesidad imperiosa de recuperar algo tan, pero tan importante como es el parto.

Y luego resulta que tienes libros, que hay internet y que tienes acceso a un montón de estudios, a la página de organizaciones de salud, como la OMS, a páginas de tribus femeninas digitales conformadas no por hippies, sino por enfermeras, medicas, psicólogas, neurocientificas etc. que apoyan el hecho de que un parto es un proceso natural y pues ya se jodio la cosa. Porque te niegas a ir como puerco al matadero, a que alguien más decida todo por ti.
Yo sé que los partos no son precisamente unas vacaciones en la playa, he visto partos en vivo, pero también me parece injusto, de nuevo, como con la menstruación, mantenerlos en secreto, darles la etiqueta de infierno, de cosa asquerosa (porque hay fluidos, muchos, de todo tipo), etc. y aparte, infantilizar a mi genero, diciendo que no saben parir, que son unas chillonas (no mamen, si saben que duele, como porque se supone que uno debe parir calladita, sin sudar, sin llorar y sin despeinarse), aparte, de verlo como trabajo de una sola persona, cuando es trabajo de pareja.
Una de las primeras páginas que encontré, que defendían una postura de empoderamiento ante los partos, compartiendo todo tipo de historias, desde los partos orgasmicos -sí, hay mujeres que tienen orgasmos cuando están pariendo-, hasta los partos normales, los instrumentales, las cesáreas, los que son en piscina, en casa, en el bosque -sí, eso también es una cosa, parir en la naturaleza- los que tuvieron mucha violencia obstétrica, con epidural, sin epidural. los que fueron respetados, los que fueron muy dolorosos y largos, los que fueron cortos y poco dolorosos, etc. tiene un nombre que me encanta y que aveces uso como mantra: El parto es nuestro.No ha nada más cierto, para el estudiante de medicina que te atiende en el IMSS o en los hospitales escuela, eres la paciente gritona y «chillona» que no aguanta nada de la guardia del sábado, incluso para el obstetra particular, eres la paciente número un millón, pero para ti, este momento, esta experiencia buena o mala es y será única. Así te avientes 12 hijos, cada embarazo y cada parto es una experiencia particular que recordaras toda tu vida.
Igual que con la menstruación, la única forma de defender este ciclo es perdiéndole el miedo, cambiando la perspectiva, devorando información, preguntando, indagando, no quedándote con lo que ves en las películas, no quedándote con lo que te cuenta la vecina, tu mamá, tu tía, yo. Porque igual que con la menstruación, somos iguales pero diferentes.
Un plan es eso, un plan, una guía. Cuando digo que hice un «plan de parto», se imaginan que me voy a matar si acabo en cesarea en vez de tener un parto vaginal. Pero realmente, eso no importa.
Es como con el aborto, yo, personalmente, no abortaría, pero abogo, marcho, voto, exijo, que sí tú quieres, puedas decidir abortar. A lo mejor a la mera hora te arrepientes, a lo mejor abortas más de una vez, ojalá nunca necesites tener que decidir, pero es importante tener la opción.
Con el parto es igual, las que parimos somos nosotras, no importa si es con epidural o no, si es en hospital o en la casa, etc. Pero deberías poder decidir lo básico.
Ahora, no es una guerra contra los medicos, es obvio que si el embarazo desde el principio ha sido de alto riesgo, el profesional de salud deba tomar muchas de las decisiones importantes, pero si el embarazo ha ido sin incidentes, debería ser más un acompañante, alguien que está ahí para darte seguridad de que sí algo se tuerce y no lo puedes resolver por tus propios medios, te van a ayudar, no que te van a regañar, a gritar que no sabes parir, a darte ordenes y a espantarte con que si no las sigues se te va a morir el bebé y es tu culpa.
Los medicos no son malos, te bloquean, te ponen oxitocina sintética, te rompen las membranas, te hacen la episiotomia o el enema como procedimientos de rutina, curiosamente, porque no quieren que «sufras» por mucho tiempo, para que sea más «rápido» y sí, puede que sea así, sobre todo cuando les urge terminar y pasar a la que sigue, puede que eso acelere tu parto, aunque también puede que lo haga más doloroso de que lo tenía que ser. Pero bueno, que la intención no es torturarte (creo…)después de todo, pocas cosas causan tanto conflicto como la muerte materna o infantil y ellos van a evitar eso a toda costa.

La cosa aquí es permitirte decidir, es como me dijo mi obstetra: yo te voy a dejar usar tus propios medios, pero claro, sí después de mucho tiempo no funcionan, entonces ya tengo que intervenir.Está bien, es lógico, es sano. Pero me da la capacidad de decidir, de intentar, no es: tú no vas a poder, ni lo intentes.
Igual con mi mamá, como ya dije en otro post, este proceso de convertirme en madre me ha dado una visión nueva de mi propia mamá, no me enoja que tenga dudas de mi capacidad para parir, sé que tiene miedo de que sufra, sé que no quiere que sufra y entiendo que quiera que otra persona y no nosotros tomen las decisiones. Sé que me quiere y que quiere a Lebebé.
Pero bueno, que cuando uno decide un embarazo de forma consciente, se jode todo, te vuelves rebelde, te empoderas y si para acabarla tu pareja te apoya y tienes acceso a la información secreta de las etapas de un parto que nada más los doctores tienen y entienden (eso último fue sarcasmo), peor, se te viene a la cabeza la loca idea de que aunque haya fluidos, dolor, gritos y tu bebe parezca al principio una ratita roja y fea, vas a poder sonreir al final sin importar como salgan las cosas, peligro y hasta te sientas bien chingona.
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